Al acabar la guerra civil, España estaba destrozada tanto moral como económicamente. La industria automovilística estaba en ruinas, la única forma de conseguir un coche era teniendo contactos en el gobierno franquista que adjudicaba los coches que entraban. Un Citröen dos caballos costaba alrededor de unas 63.000 pesetas (el sueldo medio de seis años).
Delante de esta situación y de la incipiente necesidad de transporte, surgen los nombrados microcoches. Son coches de una precariedad técnica considerable que acostumbran a llevar motores mas propios de motos que no de coches, i que por norma general suelen estar fabricados artesanalmente debido a la falta de medios.
La mayoría de estas marcas nacen en Cataluña i en el País Valenciano, donde se concentran los sectores empresariales mas emprendedores, todo y algunas excepciones (Iso Isetta en Madrid o Goggomobil en el País Vasco). El mas conocido de estos coches de bolsillo era sin lugar a dudas el popular Biscuter, del que se producieron 12.000 unidades. Otras marcas que alcanzaron una cierta producción, a parte del PTV, fueron: David, Clúa o Delfín. También existieron algunas otras con difusión prácticamente testimonial como: Simó, Dunjó, Mymsa, Maquitrans, Salomó, MT, Aleu o Kapi.