Conduciendo por Madison
No me lo podía creer cuando Bruce Weiner, anfitrión del Encuentro Nacional Americano de este año, me pidió de conducir el coche que liderase la caravana en las vueltas por Madison, GA. El coche elegido para la ocasión fue el PTV rojo i blanco de 1959. Cosntruido en Manresa, cerca de Barcelona, el bonito y pequeño PTV (nombrado así ya que los propietarios de la compañía se apellidaban Perramón, Tachó y Vila) fue el segundo microcoche mas vendido en España, al lado del Biscuter.
Durante la rápida vuelta de familiarización con el coche, Bruce me habló sobre el cambio de marchas, situado en el tablier. 3 marchas mas marcha atrás, en una simple H, la primera adelante y arriba, la segunda tirando la palanca hacia el conductor y abajo, la tercara es encima de la segunda. La marcha atrás está situada encima del botón del estarter, similar al de los primeros coches. El único cilindro, de 250 cc, cobró vida en seguida con la familiar melodía de los dos tiempos "ring-ding-ding ring ding". Me sentía a gusto con él, ya que me recordaba al KR200 (Messerschmitt) y al Goggomobil.
Mi copiloto era Shannon, el fotógrafo encargado de documentar el Encuentro. Ya eramos fuera, giramos a la derecha del Museo, con la policía abriendo el camino. El PTV aceleraba bién, i rápidamente dominé el mecanismo del cambio de marchas. El tiempo era perfecto, y en seguida estávoms envueltos por el verde paisaje de Madison, las tortuosas carreteras que rodean los campos de Gerogia.
Toda la gente de alrededor hacia señales a nuestro paso con sus caras sonrientes. Estoy seguro que ya habían visto antes algunos de estos coches: Bruce seguramente conduce por los alrededores a menudo.
Yo estaba constantemente mirando al retovisor, para contemplar todos los coches y escuters detrás mío. Era un vista maravillosa, viendo una milla de largo llena de Isettas, Fiats, Goggomobils, Messerschmitts, Vespa 400s, Citroëns, BMW 600s, además del mar de escuters Vespa que nos acompañó durante la semana. Estoy seguro que estas Vespas pueden perfectamente mantener su velocidad dentro del tráfico, a pesar de sus motores de pequeño calibre.
Durante esta primera salida intenté mantener una velocidad entre 35 y 40 millas por hora, pero a veces el terreno ponía dificultades para el PTV. Tube que reducir bastantes veces cuando nos acercávamos a pequeñas cuestas. Aún no había asimilado el tempo del coche. La direacción funcionaba bién, con buenas sensaciones y muy previsible. Durante esta tarde de viernes la atención al detalle era aparente, ya que la policía cortó todos los cruces, dando paso al rebaño de microcoches. Nuestro destino para el día era el centro de Madison, donde teníamos una àrea especial acordonada para nosotros. Intentad imaginar esto: un pequqña i preciosa ciudad, atmósfera tranquila, lentos peatones dando vueltas por la límpias avenidas llenas de tiendas de roba pasada de moda, de golpe se ven invaidos por estos vehículos que escupen humo azul de formas estrañas, con sus minúsculas medidas. Fue fantástico, un éxito immediato!
La gente vino a nuestra zona de párquing, que rápidamente estuvo llena de oriundos, fascinados con la variedad de colores de los vehículos presentes. Muchos hacían preguntas, y algunos incluso contaban historias de cuando estos vehículos eran formas corrientes de transporte. Fue un gran momento para hacer fotos. Muchos conductores y motoristas aprovecharon la oportunidad para dar una vuelta por la ciudad, parando en alguno de los restaurantes locales. El lugar estaba lleno de actividad por los microcoches.
Hacia las 4:30 PM fue la hora de volver a la base. Cruzamos Madison haciendo un pequeño camino hacia las afueras del Museo. Fue una tarde muy divertida.
El sábado la vuelta fue totalmente diferente. Después de revisar nuestros coches, asegurando que había suficiente gasolina en los depósitos, giramos a la derecha del Museo dirección a la ciudad. Después nos dirigimos a la carreteras del Comptado de Morgan, en Georgia.
Otra vez, Shannon era mi copiloto, constantemente tomando fotos de la caravana. Los coches de policía nos escoltaban otra vez. Esta vez intentaba conducir un proco mas rápido. El coche parecía responder bién. En las cuestas intentaba aumentar las revoluciones, peor el coche de policía que tenia delante me hacía ir demasiado despacio lo que me obligó a reducir otra vez. Sin embargo, el coche fue capaz de mantener una media de 40 MPH.
La suspensión del PTV mantubo el coche perfectamente sobre el asfalto, muy sólida y segura en las curvas. El motor nunca sonó débil o sin fuerza. Es un claro ejemplo de motor de la España de la postguerra. Me gustó realmente la sensación cuando pasávamos por las granjas de caballos con sus verdes prados. Es un territorio perfecto para conducir microcoches. Poco tráfico, tiempo maravilloso, carretaras suaves y gente simpática.
Fue un viaje largo, pero estoy seguro que todo el mundo vivió una experiencia inolvidable. Yo, que habitualmente conduzco los microcoches principalmente por ciudad, muchas veces en medio de un gran tráfico, con semáforos, atobusos y camiones al lado, fue tan bonito como podia ser.
Cuando volvíamos hacia los alrededores del Museo, vi las caras sonrientes de los conductores que estaban siguiendo el PTV.
Me gustaría felicitar a los organizadores de este exitoso encuentro. Será recordado como una de los mejores nunca hechos.
George Blau. Publicado en la revista Minutia
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